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Ciudad Para Todos, No Para Pocos | Desarrollo Urbano Ciudad del Este


Ciudad Sostenible
La Ordenanza Municipal N.º 006/2026 abre un debate necesario sobre densificación urbana, empleo, sustentabilidad y derecho a vivir en zonas bien localizadas de Ciudad del Este.

Ciudad del Este vuelve a encontrarse frente a una pregunta incómoda, pero impostergable: ¿qué tipo de ciudad queremos construir para las próximas generaciones? Desarrollo urbano Ciudad del Este


La reciente discusión en torno a la Ordenanza Municipal N.º 006/2026, vinculada al uso del suelo en un sector del Barrio Boquerón denominado Boquerón II, ha puesto sobre la mesa un tema que va mucho más allá de la altura de los edificios. El verdadero debate no es simplemente si una zona debe tener casas bajas o edificios. El debate profundo es si Ciudad del Este será una ciudad planificada para todos, o si determinados sectores urbanos bien localizados quedarán, en la práctica, reservados para pocos.


Preservar la calidad de vida de los barrios es legítimo. Nadie sensato defiende una verticalización caótica, improvisada o desprovista de estudios técnicos. Sin embargo, impedir casi por completo la densificación moderada de una zona con potencial urbano puede significar una forma silenciosa de exclusión territorial.

Una ciudad madura no se defiende congelándola. Se la defiende planificándola.


EL FALSO DILEMA URBANO

Ciudad Planificada

Con frecuencia, los debates urbanos son presentados como una oposición binaria: por un lado, torres descontroladas de 30 o 40 pisos; por otro, barrios de baja densidad protegidos indefinidamente. Pero entre esos dos extremos existe un camino más razonable, más técnico y más justo.


Ese camino se llama densificación equilibrada. Desarrollo urbano Ciudad del Este


No se trata de transformar Boquerón II en una selva de hormigón. Tampoco se trata de permitir edificaciones sin criterios de infraestructura, movilidad, seguridad o impacto ambiental. Se trata de reconocer que una zona bien ubicada, con avenidas, calles de jerarquía, conectividad y vocación urbana, puede admitir edificios de mediana altura bajo reglas claras.


Edificaciones de 10 a 15 pisos, por ejemplo, podrían ser técnicamente viables en sectores específicos, especialmente sobre avenidas y corredores urbanos adecuados, siempre que cumplan con estudios de impacto vial, disponibilidad de infraestructura, estacionamientos, seguridad contra incendios, tratamiento cloacal, retiros, permeabilidad, áreas verdes y mitigación ambiental.


El problema no está en crecer. El problema está en crecer sin planificación.


¿Quién tiene derecho a vivir en las mejores zonas?


Una de las cuestiones más sensibles del debate es la dimensión social del uso del suelo.


Cuando una zona urbana bien localizada permite casi exclusivamente viviendas unifamiliares o edificaciones de muy baja densidad, el acceso a ese territorio queda condicionado por la capacidad económica de adquirir terrenos amplios o viviendas horizontales de mayor valor.


Entonces surge una pregunta inevitable: ¿solo quienes tienen alto poder adquisitivo pueden vivir en los mejores sectores de la ciudad?


Una familia joven, un profesional, una pareja que busca alquilar un departamento, un trabajador que desea vivir cerca de servicios, escuelas, comercios y áreas consolidadas, también deberían tener la posibilidad de acceder a estas zonas. La vivienda vertical, cuando está bien regulada, puede ampliar la oferta habitacional y permitir que más ciudadanos vivan en áreas con mejor infraestructura urbana.


Garantizar el bienestar de un grupo reducido de vecinos no siempre equivale a garantizar el bienestar colectivo de la ciudad.


La ciudad no pertenece solamente a quienes ya viven en ella. También pertenece a quienes todavía no pudieron llegar.


BAJA DENSIDAD NO SIEMPRE SIGNIFICA SUSTENTABILIDAD

Altura controlada más areas verdes.

Existe una idea muy difundida, pero técnicamente incompleta: creer que una zona de baja densidad es automáticamente más sustentable.


En muchos casos, ocurre lo contrario.


Las viviendas horizontales dispersas pueden generar mayor consumo de suelo por habitante, menor eficiencia en las redes de agua, electricidad y saneamiento, mayor dependencia del automóvil, menor oferta de vivienda en zonas consolidadas y presión de expansión hacia áreas periféricas.


La consecuencia puede ser una ciudad más extensa, más costosa, más desigual y menos eficiente.


En cambio, una edificación vertical moderada, correctamente diseñada, puede ocupar menos suelo, concentrar infraestructura, liberar más áreas permeables, permitir espacios verdes comunes, mejorar la eficiencia energética y alojar a más personas en sectores bien conectados.


La sustentabilidad no consiste simplemente en construir bajo. Consiste en utilizar el suelo urbano con inteligencia, responsabilidad ambiental y visión de largo plazo.


CONSTRUCCIÓN FORMAL TAMBIÉN ES EMPLEO DIGNO

El sector de la construcción es uno de los grandes motores de la economía local. Cada obra formal moviliza una extensa cadena de valor: ingenieros, arquitectos, maestros de obra, albañiles, armadores, carpinteros, electricistas, plomeros, yeseros, pintores, técnicos de seguridad, transportistas, proveedores de hormigón, acero, cerámicas, aberturas, instalaciones, equipamientos, servicios financieros, seguros, logística y una vasta red de pequeñas y medianas empresas.


Por eso, una restricción urbanística excesiva no afecta solamente al propietario de un inmueble o a un desarrollador. Afecta también a la economía real, a los empleos directos e indirectos, a la contratación formal, a la capacitación técnica y a miles de familias que dependen del dinamismo de esta cadena productiva.


Cuando se desalienta la inversión formal, también se reduce la posibilidad de generar trabajo digno.


Detrás de una obra bien ejecutada no hay solamente hormigón, acero y ladrillos. Hay pan en la mesa, aprendizaje profesional, movilidad social, empresas locales, proveedores nacionales y futuro para la comunidad.


LA INFORMALIDAD NO SE COMBATE RESTRINGIENDO LA FORMALIDAD


formalidad vs informalidad

Otro punto que merece atención es la diferencia entre construcción formal e informal.


En numerosas obras horizontales de pequeña escala, lamentablemente, suele verificarse un mayor grado de informalidad: ausencia de dirección técnica efectiva, bajo cumplimiento de normas de seguridad laboral, deficiencias en gestión de residuos, sistemas cloacales poco controlados, limitada fiscalización y escaso rigor documental.


En cambio, los edificios verticales formalmente aprobados suelen exigir un estándar técnico más elevado: proyectos estructurales completos, instalaciones sanitarias y eléctricas dimensionadas, sistemas contra incendio, accesibilidad, estacionamientos, estudios de impacto, aprobación municipal, dirección profesional, seguros y fiscalización durante la ejecución.


Por tanto, no resulta correcto presumir que una vivienda horizontal es siempre más ordenada, más segura o más sustentable que una edificación vertical.


La altura no es el problema.

La informalidad sí.


Una ciudad que restringe la verticalización formal, pero tolera la informalidad horizontal, no está protegiendo el urbanismo. Apenas está desplazando el problema hacia una zona menos visible.

UNA REGULACIÓN MÁS EQUILIBRADA

Una alternativa razonable sería revisar el enfoque de la ordenanza e incorporar una zonificación por gradientes.


Las calles internas podrían conservar un perfil residencial más protegido, con viviendas unifamiliares y multifamiliares de baja densidad. Las avenidas y corredores de mayor jerarquía podrían admitir edificaciones de mediana altura. Entre ambas zonas, podrían establecerse áreas de transición, evitando saltos bruscos de escala urbana.


Los proyectos de mayor porte deberían estar condicionados a exigencias técnicas claras:


  • estudio de impacto vial,

  • capacidad de infraestructura urbana,

  • solución de estacionamientos dentro del predio,

  • manejo de aguas pluviales, tratamiento cloacal, áreas permeables reales,

  • arborización, seguridad contra incendios, accesibilidad universal,

  • gestión de residuos y medidas de mitigación durante la construcción.


Así se protege el barrio sin amputar el futuro.

EL DESARROLLO TAMBIÉN NECESITA REGLAS

Planificar no significa liberar todo.

Planificar tampoco significa prohibir todo.


La planificación seria se encuentra en el punto de equilibrio: permitir el desarrollo donde sea posible, limitarlo donde sea necesario y exigir compensaciones donde exista impacto.


Ciudad del Este necesita normas urbanísticas modernas, capaces de compatibilizar la calidad de vida de los vecinos actuales con el derecho de nuevos ciudadanos a acceder a vivienda en zonas bien localizadas.


La baja densidad obligatoria, aplicada de forma rígida, puede convertirse en una forma indirecta de exclusión social. Puede reservar sectores consolidados únicamente para quienes pueden pagar por terrenos, casas amplias y baja ocupación. Esa no parece ser la mejor respuesta para una ciudad que crece, trabaja y necesita mirar hacia adelante.


CONCLUSIÓN

El debate sobre Boquerón II no debe reducirse a una confrontación entre vecinos y desarrolladores, ni entre casas y edificios. Ese sería un análisis pobre para una ciudad que exige grandeza.


El verdadero debate es otro: cómo construir una Ciudad del Este más justa, más eficiente, más sustentable y más inclusiva.


Preservar la calidad de vida es importante. Pero también lo es preservar el empleo, la inversión productiva, la formalización de la construcción, el acceso a la vivienda y el derecho colectivo a una ciudad mejor planificada.


Una ordenanza urbana no debe sofocar el futuro. Debe orientarlo.


Porque una ciudad no se protege impidiendo su evolución.

Se protege guiando su crecimiento con técnica, justicia y responsabilidad.


Ciudad del Este no debe ser una ciudad congelada para pocos. Debe ser una ciudad planificada para todos.



 
 
 

4 comentarios

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Maria Eduarda Rosa
Maria Eduarda Rosa
hace una hora
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Excelente reflexión sobre el futuro urbano de Ciudad del Este. Crecimiento con planificación, inclusión y sostenibilidad no son opuestos, sino pilares de una ciudad moderna y equilibrada.

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paofle
hace 11 horas

Eso justamente estaba pensando, habia un grupo de vecinos que no siquiera queria que se toque la rotonda del areai 1, imagínate! Es justamente ver ahora que es lo que se puede hacer bien, se puede crecer de forma controlada.

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Contestando a

Es el punto. Hasta donde intereses conservacionistas contribuyen para el desarrollo de la ciudad.

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Obtuvo 5 de 5 estrellas.

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