Modelar bonito no es modelar correcto: el punto donde BIM se vuelve obra
- 23 ene
- 3 Min. de lectura
Hay un momento clave en la vida de cualquiera que modela en Revit (o en cualquier software BIM): cuando te das cuenta de que un modelo puede verse perfecto… y aun así estar mal.
Y no “mal” en un sentido estético, sino mal donde realmente duele: en obra.
Porque en obra, lo “bonito pero irreal” no se queda en la pantalla. Se transforma en:
reprocesos (hacer de nuevo lo que ya estaba “terminado”),
conflictos entre disciplinas (arquitectura vs estructura vs MEP),
sobrecostos (materiales, mano de obra, tiempo),
y lo más delicado: riesgos de calidad y seguridad.
Entonces aparece una pregunta incómoda, pero necesaria:
¿Estoy modelando para que se vea bien… o para que se construya bien?
El error más común: confundir geometría con decisión técnica
Cuando alguien arranca a modelar, normalmente la meta es “que se vea como el proyecto”: muros limpios, carpinterías perfectas, cielorrasos prolijos, renders lindos.
Eso está bien, pero solo hasta cierto punto.
El problema empieza cuando el modelo se vuelve una “maqueta digital” que no toma postura técnica. Es decir: representa forma, pero no resuelve cómo se sostiene, cómo se instala, cómo se mide y cómo se ejecuta.
Y ahí aparece el salto más grande:
✅ Pasar de “modelador 3D” a profesional que modela con criterio.
Ese salto ocurre cuando entendés que el modelo BIM no es solo geometría:es una toma de decisiones.
Decisiones de normativa (qué se puede y qué no),
de estructura (qué apoya dónde, con qué espesor, con qué lógica),
de instalaciones (por dónde pasan, qué espacio necesitan, qué mantenimiento requieren),
de detalles constructivos (encuentros, juntas, tolerancias),
y de mediciones (cómputos reales, cantidades reales, compras reales).
El modelo como contrato silencioso
En BIM, hay una verdad simple (y potente):
El modelo es un contrato silencioso.Si está mal resuelto, la obra lo paga.
¿A qué me refiero con esto?
A que un modelo “bonito” puede convencer a cualquiera en una reunión, pero si no es constructible:
el instalador va a improvisar,
el estructural va a “adaptar”,
el arquitecto va a corregir tarde,
y el cliente va a pagar el costo de esa falta de definición.
Y no siempre se paga solo con dinero: a veces se paga con confianza, con plazos, o con seguridad.
“Bonito” vs “Correcto”: ejemplos que se repiten en casi todos los proyectos

Sin entrar en tecnicismos excesivos, estos son casos típicos donde el modelo se ve genial, pero falla cuando llega a obra:
1) Espacios “dibujados” que no existen físicamente
Cielorrasos o tabiques sin considerar:
estructura real,
bandejas,
aislaciones,
equipos,
registros de mantenimiento.
Resultado: en obra “no entra” o hay que romper.
2) Encuentros perfectos que ignoran tolerancias
En el modelo todo encaja milimétrico.En obra existen:
juntas,
desvíos,
tolerancias,
espesores reales,
soluciones de remate.
Resultado: detalles mal resueltos, terminaciones pobres, reclamos.
3) Instalaciones “pasando” porque sí
Si MEP no modela con criterio o si arquitectura no deja espacio:
ductos compiten con vigas,
cañerías cruzan donde no deben,
equipos quedan sin acceso.
Resultado: conflictos, rediseño, horas perdidas.
4) Cómputos que parecen correctos… pero no lo son
Un cómputo sale del modelo solo si:
categorías están bien,
parámetros están claros,
familias están bien hechas,
el LOD/LOI es coherente.
Si no, el cómputo “miente”.
Resultado: compras mal estimadas, faltantes, sobrantes, sobrecostos.
La constructibilidad es una mentalidad, no un nivel de detalle
Mucha gente cree que el problema se resuelve “modelando más”.Pero no siempre.
La constructibilidad no es solo subir LOD. Es modelar mejor.
Podés tener un modelo pesado y lleno de geometría… pero sin criterio.Y también podés tener un modelo eficiente, claro y ordenado… que evita problemas reales.
La pregunta clave es:
¿Lo que estás modelando ayuda a construir, coordinar y medir… o solo ayuda a mostrar?
¿Qué cambia cuando empezás a modelar con criterio?
Cuando el modelado se vuelve decisión
técnica, se nota en cosas muy concretas:
empezás a pensar en secuencias de obra,
te importa el orden de ejecución,
entendés que cada disciplina tiene necesidades reales,
te obsesionás sanamente con compatibilización,
y lo más importante: dejás de “dibujar” y empezás a proyectar en serio.
Ese es el punto donde BIM deja de ser “software” y se vuelve metodología.


El debate que vale oro (y mejora equipos)
Y acá viene la parte más interesante: esto no es para señalar a nadie.
Al contrario: es un debate que, cuando se hace bien, sube el nivel del equipo.
Porque todos pasamos por esa etapa donde modelar es “hacerlo lindo”.Y todos, en algún momento, nos chocamos con la realidad de obra.
Así que te dejo la pregunta para abrir conversación:
¿Qué fue lo más difícil para vos al pasar de “forma” a “constructibilidad”?















Excelente Arqui