Patrimonio demolido, identidad perdida: HBIM para construir una ciudad con memoria.
- 20 ene
- 9 Min. de lectura

Por Arq. Gabriel Viera
Una pérdida irreversible para la ciudad
Hace pocos días, en una maniobra nocturna, se demolió ilegalmente una casona histórica en pleno centro de Asunción. El derribo, realizado sin autorización municipal, encendió las alarmas entre profesionales y ciudadanía. No se trató solo de la remoción de viejas paredes: la Municipalidad calificó el hecho de “barbarie” y denunció un daño irreparable al patrimonio de todos los asuncenos. En efecto, cada demolición de este tipo borra una parte de la memoria urbana, una pérdida que la ciudad no puede recuperar jamás.
El caso de la casona de Azara y Antequera –una vivienda catalogada dentro del patrimonio histórico– se convirtió en símbolo de la desconexión cultural e institucional que sufre nuestra ciudad. La intervención municipal posterior (incluyendo una denuncia ante la Fiscalía) llegó cuando el daño ya estaba hecho. Este episodio lamentable nos obliga a reflexionar: ¿cómo evitamos que vuelva a ocurrir? ¿Cómo construir ciudad con memoria, y no solo con ladrillos nuevos, de modo que el desarrollo urbano no arrase con nuestra identidad?

La ciudad se construye con memoria, no solo con ladrillos
Cada edificio histórico es un fragmento de la historia colectiva. Cuando se pierde un patrimonio, la ciudad pierde parte de sí misma. No basta erigir edificios modernos si en el proceso desaparecen aquellos que cuentan nuestra historia. Lamentablemente, la demolición reciente sienta un precedente peligroso, incentivando la pérdida de identidad urbana y la sustitución del paisaje histórico sin control. Una ciudad sin memoria es una ciudad genérica, desconectada de sus raíces culturales.
Construir ciudad con memoria implica integrar pasado y futuro: conservar activamente las obras legadas por generaciones anteriores mientras planificamos nuevas intervenciones. Esto requiere no solo voluntad política y conciencia ciudadana, sino también herramientas técnicas modernas que permitan documentar, gestionar y proteger el patrimonio de forma rigurosa. Aquí es donde entra en juego el concepto de HBIM, una metodología innovadora que puede brindar esa base técnica sólida.

HBIM: documentar para preservar el patrimonio
En la era digital, proteger el patrimonio arquitectónico va más allá de poner una placa o dictar una ordenanza. HBIM (Historic Building Information Modeling) se presenta como una respuesta moderna y necesaria. En esencia, un modelo HBIM es un gemelo digital de un edificio histórico: un modelo 3D con información asociada, pensado para conservar y gestionar activos existentes. A diferencia del BIM tradicional –usado típicamente en obras nuevas con geometrías regulares y catálogos de fabricantes– el HBIM se nutre de evidencias reales: nubes de puntos obtenidas por escáner láser, fotografías, modelos 3D “as-built” y archivos históricos que capturan cada detalle irregular del edificio.
La geometría resultante refleja fielmente el estado real, incluyendo deformaciones, materialidad y estratos constructivos acumulados con el tiempo.
Lo fundamental es que este modelo no es solo un “bonito dibujo” en 3D, sino un contenedor de información técnico-histórica. Cada elemento de la casona –muros, columnas, aberturas, ornamentos– queda representado en el modelo con sus atributos clave: material, año de construcción, estado de conservación, patologías identificadas, intervenciones pasadas, entre otros datos. En palabras simples, HBIM crea un catálogo digital de la obra patrimonial, donde todo está registrado con precisión milimétrica y contexto histórico. Este registro digital aporta trazabilidad total: sabemos qué había, cómo estaba y qué cambios sufrió a lo largo del tiempo. Ante eventuales intentos de alteración o destrucción, el HBIM funge como evidencia técnica de la condición original del bien, una pieza clave para protegerlo legal y físicamente.
Del escaneo láser al modelo 3D: el flujo de trabajo HBIM
Implementar HBIM conlleva un proceso metódico. El flujo típico, conocido como “Scan-to-HBIM” (del escaneo al modelo), consta de varias etapas bien definidas:
Alcance: Se definen los objetivos y requisitos del proyecto de documentación. Aquí se establecen los usos previstos del modelo (ej.: conservación, permisos, investigación) y el nivel de detalle o información necesario. Es clave seguir lineamientos como la norma ISO 19650 para la gestión de información y la ISO 7817-1 sobre Nivel de Necesidad de Información (LoIN, Level of Information Need) para no sobrecargar el modelo innecesariamente.
Captura: Se realiza el levantamiento digital del edificio, combinando tecnologías de reality capture. Lo habitual es usar escáner láser terrestre (TLS) para obtener una nube de puntos densa y precisa de fachadas y espacios, complementado con fotogrametría (fotografías procesadas que generan mallas 3D con texturas realistas) e imágenes de drone para cubrir cubiertas o ángulos difíciles. Es vital georreferenciar estos datos y documentar metadatos (fecha, equipo, precisión alcanzada). El resultado es una nube de puntos 3D completa del inmueble, que representa su estado as-built.
Procesado: La nube de puntos bruta se procesa y depura. Esto implica registrar múltiples escaneos para alinearlos en un mismo sistema de coordenadas, limpiar el ruido o interferencias, y clasificar puntos según elementos. Se emplean formatos estándares abiertos (como E57 o LAS) para garantizar la interoperabilidad. Al final de esta etapa, contamos con una representación digital fidedigna de la geometría existente, lista para ser interpretada.
Modelado: A partir de la nube de puntos, se construye el modelo 3D HBIM. Aquí el modelador interpreta las superficies y volúmenes capturados para crear objetos paramétricos que correspondan a los elementos reales (muros, vigas, techos, ventanas, etc.). No se trata de “calcar” punto por punto, sino de validar y abstraer la geometría: por ejemplo, definir un muro ligeramente curvo basado en puntos dispersos. Se documentan las incertidumbres y se registran las decisiones tomadas (por ejemplo, tolerancias asumidas). El resultado es un modelo tridimensional coherente y navegable que refleja la arquitectura original, al cual se le incorporan datos en cada componente.
Datos: Con el modelo geométrico listo, se enriquece con información adicional. Cada elemento modelado recibe sus atributos patrimoniales: identificador único, descripción de materiales y técnicas, estado de conservación, daños o patologías observadas (con fotos vinculadas), intervenciones previas (fecha, responsable, método, materiales usados) y nivel de confiabilidad del dato (por si alguna zona no pudo relevarse con exactitud). Todo esto conforma el catálogo patrimonial digital, que puede complementarse con planos históricos, fichas técnicas, expedientes o normativas asociadas. El modelo HBIM se convierte así en una base de datos viviente del edificio.
Gestión: El último paso es aprovechar el modelo HBIM para la gestión activa del patrimonio. Un buen HBIM facilita la planificación de intervenciones de conservación (por ejemplo, determinar refuerzos estructurales mínimos necesarios, gracias a conocer con precisión las dimensiones y materiales existentes), así como el monitoreo de cambios a lo largo del tiempo. Cualquier inspección, reparación o modificación futura puede registrarse en el modelo, manteniendo un historial vivo de la evolución del inmueble. Asimismo, el modelo sirve para tareas de mantenimiento periódico –como programar restauraciones preventivas en zonas críticas antes de que ocurra un deterioro irreversible– y para auditorías técnicas, comparando el estado actual contra el original documentado.
Al completar este flujo de trabajo, los entregables típicos incluyen tanto el modelo HBIM tridimensional como la nube de puntos depurada (para consulta o futura revalidación), además de planos, ortofotos e informes que describen el estado del bien con precisión técnica. Todo queda archivado siguiendo estrategias de preservación digital, de modo que la información pueda ser utilizada por décadas. En suma, obtenemos una replica digital auditada de la casona histórica, lista para ser empleada en múltiples frentes de acción.

Del inventario a la acción: usos prácticos del HBIM
Contar con un modelo HBIM detallado no es un fin en sí mismo, sino el medio para habilitar mejores prácticas de conservación urbana. Algunas de las aplicaciones y beneficios concretos son:
Inventario y registro permanente: El HBIM funge como inventario digital del edificio patrimonial. Cada elemento queda identificado y descrito, conformando una ficha técnica integral dentro del modelo. De esta manera, la ciudad no depende solo de planos 2D o fotos sueltas, sino de un registro unificado y accesible que preserva la memoria constructiva del bien.
Planificación de intervenciones mínimas: Con la información recopilada, los profesionales pueden diagnosticar problemas (humedades, grietas, deformaciones) ubicándolos exactamente en el modelo, y planificar intervenciones de conservación con precisión. Esto permite proyectar obras mínimas y focalizadas, respetuosas con la autenticidad del edificio, en lugar de reformas agresivas. Por ejemplo, se pueden mapear las zonas de riesgo y atenderlas preventivamente, evitando demoliciones innecesarias a futuro.
Mantenimiento preventivo: Un modelo HBIM actualizado facilita implementar programas de mantenimiento periódico. Las tareas de restauración y las inspecciones se pueden programar y documentar dentro del modelo, generando alertas y órdenes de trabajo basadas en los datos del estado real. Así, la gestión del patrimonio deja de ser reactiva (esperar a que algo falle) para volverse preventiva, prolongando la vida útil de los edificios históricos.
Fiscalización y gestión de permisos: Integrar HBIM en las políticas municipales ofrecería una herramienta poderosa de fiscalización urbana. Por ejemplo, ante cualquier solicitud de obra sobre un edificio catalogado, la autoridad podría comparar el proyecto propuesto con el modelo HBIM del bien existente. Cualquier discrepancia notable –o peor, si alguien intenta alterar o demoler sin permiso– quedaría en evidencia al contrastar el “antes y después” digital. Esto no solo agiliza la evaluación de permisos, sino que actúa como disuasivo frente a intervenciones ilegales: la existencia de una “evidencia digital” reduce la impunidad, pues brinda soporte técnico para sanciones claras.
Auditoría de cambios y transparencia: Con HBIM, toda modificación realizada en el edificio puede ser auditada con trazabilidad completa. El modelo lleva un historial de cambios: quién intervino, cuándo, dónde y con qué método. Esta trazabilidad, alineada con estándares internacionales, aporta transparencia tanto para las instituciones como para la ciudadanía. Con un patrimonio digitalizado, es más difícil que se repita una demolición encubierta “en una noche” sin que quede registro; y si ocurriera, el modelo previo sería prueba forense del valor destruido.
Integrando estándares y políticas para proteger el legado
El éxito de HBIM como metodología reside no solo en la tecnología, sino en cómo se integra a normativas y procesos institucionales existentes. En el plano técnico, es fundamental enmarcar la producción y gestión de estos modelos en estándares internacionales. Por ejemplo, la serie ISO 19650 proporciona pautas para la gestión colaborativa de la información en proyectos de construcción, asegurando que todos los actores manejen datos consistentes. Complementariamente, la nueva norma ISO 7817-1:2024 define el Nivel de Información Necesario (Level of Information Need) para cada caso de uso del modelo. Aplicando estos marcos, se determina qué tanto detalle requerimos modelar para fines de conservación o fiscalización, evitando sobrecargar el modelo con información inútil y mejorando la trazabilidad de la información realmente necesaria.
La adopción de estas normas por parte de las municipalidades permitiría dar sustento formal al HBIM dentro de la gestión pública.
En el plano de políticas locales, imaginar la implementación municipal del HBIM no es utópico. Por ejemplo, Asunción podría establecer por ordenanza la creación de modelos HBIM para los edificios patrimoniales más importantes de la ciudad, iniciando por aquellos en riesgo. Estos modelos servirían como inventario digital de emergencia –un proyecto que podría ejecutarse en meses– de forma que ante cualquier denuncia o sospecha de obra, la municipalidad cuente con la documentación previa exacta. Asimismo, podrían incorporarse requerimientos de HBIM en los trámites de permisos: que todo proyecto de intervención en bienes catalogados venga acompañado de su correspondiente levantamiento digital y comparación contra el estado original. Esta integración haría de la tecnología una aliada de la normativa, modernizando la fiscalización patrimonial.
No menos importante es el aspecto educativo y cultural.
Los modelos HBIM pueden ponerse al servicio de la divulgación: imagínese una plataforma en la que estudiantes, investigadores e incluso el público general exploren en 3D las casonas y edificios históricos de Asunción, con datos e historias asociadas. Sería una forma poderosa de reconectar a la ciudadanía con su patrimonio, apreciándolo no como estorbos viejos, sino como tesoros digitales interactivos. Este acceso abierto a la memoria edificada fortalecería el sentido de pertenencia y la presión social para cuidarla.

HBIM: de moda tecnológica a necesidad patrimonial
Algunos podrían pensar que digitalizar un edificio histórico suena a moda tecnológica o lujo innecesario. Sin embargo, a la luz de lo ocurrido, el HBIM se revela como una necesidad urgente. La fragilidad del patrimonio construido quedó en evidencia cuando un inmueble centenario pudo ser literalmente borrado en una sola noche. Ante esta realidad, apoyarse en herramientas digitales robustas es simplemente sensato. No es cuestión de futurismo, sino de responsabilidad profesional y ciudadana.
El HBIM aporta una respuesta concreta a esa responsabilidad: nos permite salvaguardar virtualmente lo que físicamente es vulnerable, creando una copia de seguridad de nuestra memoria urbana. Por supuesto, el objetivo final es que esa memoria digital ayude a proteger la material: que ninguna decisión sobre un edificio patrimonial se tome a ciegas, que ninguna demolición pase inadvertida, que ninguna restauración diluya los valores originales por falta de información. En otras palabras, el HBIM tiende un puente entre el pasado y el futuro de la ciudad.
En conclusión, transformar la lamentable pérdida de la casona de Asunción en una lección implica adoptar nuevos enfoques. Incorporar metodologías como HBIM en la conservación del patrimonio no es un capricho, sino una solución seria y respaldada técnicamente frente a la continua amenaza que pesa sobre nuestros edificios históricos. Si queremos una Asunción –y por extensión, unas ciudades– que crezcan sin olvidar su esencia, debemos invertir en conocimiento, en sistemas de información y en prácticas innovadoras. Solo así podremos construir una ciudad con memoria, donde el progreso dialogue con la historia en lugar de arrojarla al olvido irreversible.

Arq. Gabriel Viera (Head of PMO) Archivo del manual practico:
















Arq. @Gabriel Duarte Viera excelente reflexión. Gracias por compartir.